¿Qué es discapacidad?

La discapacidad en el siglo XX

 El término discapacidad ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad adoptando diferentes connotaciones (desde el exterminio, rechazo, ocultamiento y segregación, hasta la protección y adoración) según la concepción que cada civilización ha tenido en relación a las personas con alguna dificultad.

Será recién en el siglo XX, con el surgimiento de la “corriente normalizadora”, cuando se comenzará a presentar a la persona con discapacidad en un entorno social que se acerque a la normalidad y le dé acceso a una vida cotidiana dentro de un contexto similar al de los demás miembros de la comunidad en todos los ámbitos: familiar, escolar, social y laboral, respetando su condición y consolidando sus potencialidades.

Siguiendo esta tendencia, en 2001, la Organización Mundial de la Salud  presentó un nuevo concepto de discapacidad: “Discapacidad es un término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación. Las deficiencias son problemas que afectan a una estructura o función corporal; las limitaciones de la actividad son dificultades para ejecutar acciones o tareas, y las restricciones de la participación son problemas para participar en situaciones vitales. Por consiguiente, la discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive”.

 Personas con discapacidad vs discapacitados

Como fundación adoptamos la idea de que la discapacidad supone un conjunto de condiciones, muchas de las cuales son creadas por el ambiente social en el que se desenvuelve cada individuo, por lo que resulta una responsabilidad de todos el realizar las modificaciones necesarias para permitir que las personas con discapacidad puedan integrarse plenamente en el ámbito social, escolar y laboral que los rodea.

Además, consideramos pertinente la distinción existente entre el uso del término “Persona CON discapacidad”, en oposición al de “Persona discapacitada”, cuya diferencia explicitó Alfredo Bértola, asesor sobre Comunicación y Discapacidad en la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo. En su discurso de presentación del Censo 2010, en la feria del libro del Buenos Aires, sostuvo que la palabra discapacidad se utiliza como equivalente de inválido, incapaz, que son palabras que conllevan un cuestión muy fuerte y muy negativa: decir inválido es que no es válido, decir incapacidad es que no es capaz. También afirmó que la palabra discapacidad se ha transformado en sinónimo de “algo triste, de algo pesado, algo negro, algo oscuro.” Y agregó:

“Cuando hablamos de discapacidad estamos quitando algo muy importante que es el valor de la persona, el valor de ciudadano de todas estas personas. Fíjense que hablamos del discapacitado, o hablamos del ciego, del sordo, es como si en su totalidad fuera sordo, fuera ciego, o lo único que es, es discapacitado. Y en realidad esto es una característica, algo más de la persona, y acá hablamos de la importancia de hablar de la “persona con discapacidad”: ponerlos primero como personas, como ciudadanos”.

 En consonancia con esta idea, también Voces brega por el uso y la comprensión de la expresión “persona con discapacidad”, y en palabras de la Licenciada en Educación Especial, Silvina Felice, docente del curso Capacitar para Integrar:

(El concepto) “Surge de un análisis antropológico,  si tomamos a la persona y la reconocemos como ser único, con capacidades y derechos, y creemos que la persona con discapacidad es una persona, armamos el concepto. Por otro lado nunca definimos a alguien por su condición de vida, la idea es pensar en el otro COMO PERSONA; portadora de derechos, de posibilidades y potencialidades, con libertad y proyecto de vida.”

Heterogeneidad en el aula

La escena escolar puede constituirse en el lugar por excelencia para la educación en la diversidad en la medida en que tiendan a respetarse las diferencias y se reconozcan las identidades personales y sociales.

En esta línea, lo diverso es un desafío para nuestra inteligencia y una posibilidad de cambio. Etimológicamente, el prefijo “di” implica “dos o más”, mientras que “versidad” se refiere a versión. La definición implica, entonces, que existen al menos dos versiones de las cosas, cada una de las cuales dependerá de factores individuales, institucionales, sociales o culturales.  Así, si los modos de ser y obrar son diversos, las personas también lo serán.

Dar cabida a lo diferente en la escuela implica que los docentes reconozcan la heterogeneidad y sean capaces de desarrollar estrategias organizativas y didácticas diversas, para dar respuesta a necesidades, intereses y puntos de partida distintos. No se trata de generar la cultura de la tolerancia  a la diferencia donde se le otorga al diferente, al discapacitado, un permiso para pertenecer a un grupo o institución privilegiada, sino que, tal como lo manifiesta la especialista en educación diferencial María José Borsani, en su libro Integración educativa, diversidad y discapacidad en la escuela plural: “se trata de construir una cultura inclusiva donde se respete la diferencia, se propenda a la equidad de oportunidades y a la adecuación social educativa”.

Plantear un modelo de la educación en la diversidad, implica ampliar las fronteras entre la escuela común y la escuela especial. En esta última se dejan de lado las dificultades, para trabajar con ellas; lo central es focalizar la educación que se brindará a partir de las posibilidades de cada alumno.